¿Cómo preparo a mi niño para el mundo?


¿Cómo preparo mi niño para el mundo?

 

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Si han escuchado (o leído) suficiente sobre lo que hemos dicho a través de los años, están conscientes de que lo que el sistema institucional de escuelas (públicas y privadas) está tratando de producir son individuos “empleables” – alguien que pueda salir y “conseguir un trabajo.”
La idea es, “Si obtienes la mejor educación que puedas, significa que obtendrás el mejor trabajo que puedas.” Al preparar a nuestros propios hijos, no tratamos de producir jóvenes empleables. Más bien
hemos tratado de prepararlos para llegar a ser muy buenos en lo que Dios los haya creado para llegar a hacer. (Este concepto es parte del artículo titulado Identidad dirigida en la escuela en casa.)
Cuando Chris imparte seminarios, con frecuencia menciona brevemente una creencia que él sostiene de que Dios está preparando a la siguiente generación para propósitos que ni la iglesia ni la cultura actual comprenden.
Normalmente, no se ha dicho mucho porque muchos de los padres no están listos para considerar que esta próxima generación pueda ser llamada para ir a lugares de los que siempre calificamos como “impíos.” ¿Qué significa esto?
Primero, hablemos acerca de la clase de “trabajos” que tendrán y para los que estamos preparando a nuestros hijos. Mientras nuestros hijos comienzan a considerar lo que puedan hacer como adultos, ellos tienden a moverse hacia las áreas que han disfrutado – o en las que han sido más exitosos – mientras crecían. Pero digamos que tu hijo comienza a mostrar interés en un área en la cual tú sientes que quizá no sea una buena actividad. O quizá, otros cristianos te digan que no permitas que tu hijo se involucre en
el área en la que él está mostrando interés.
Cuando nos cambiamos a la ciudad donde ahora vivimos, nos hicimos amigos de una familia con escuela en casa, cuyas hijas estaban involucradas con el teatro local de la comunidad. Cuando nuestros hijos mostraron interés en el teatro, otros padres de escuela en casa se sorprendieron de que les hubiéramos permitido pasar tiempo en tan “insana” atmósfera. Nos dijeron que la industria del entretenimiento está llena de gente impía viviendo estilos de vida que son peligrosos para nuestros hijos.
¡En qué estábamos pensando!
Pero nuestros hijos estaban interesados en actuar en las obras y unirse a la compañía de danza que estaba organizando el teatro. Así que, después de mucho meditarlo y con un firme trato de monitoreo, los dejamos. Resultó ser una experiencia enriquecedora para todos nosotros.
Mi hijo el bailarín de ballet
Los cristianos creemos que existe una jerarquía de actividades que van desde un rango de muy buenas hasta muy malas. Y ellos están en esta creencia. Lo que es realmente impío es muy obvio y ningún padre permitiría que sus hijos se involucren en esas experiencias. Sin embargo, entre lo que pensamos que es “realmente malo” y “realmente bueno” se encuentra un terreno del cual no estamos seguros de lo que
pensamos. Así que, les decimos a nuestros hijos, “No puedes hacer eso.” En mi opinión esta actitud procede de la pereza y/o del miedo.
Los cristianos también tienden a tener una jerarquía de preferencias acerca de lo que les gustaría que sus hijos hicieran en la vida. Por ejemplo, ¿preferirías decirle a alguien que tu hijo va a ser un médico misionero o que él quiere ser un bailarín de ballet profesional?
Creo que la iglesia y nuestra cultura han hecho muy difícil tener un verdadero entendimiento de lo que es “bueno” o “exitoso” La razón por la que imparto seminarios y escribo artículos como este, es que creo que Dios quiere que sepamos que él tiene una definición de ambos “bueno” y “exitoso” y debemos entender que sus definiciones son para preparar a los hijos que él nos ha prestado, a fin de que puedan
llevar a cabo lo que él les ha llamado a hacer.
Recientemente estaba hablando con una mujer que compartió que su padre había pasado su vida adulta trabajando para la CBS. Su padre le dijo que la década de 1950 fue la época cuando los cristianos decidieron dejar la industria del entretenimiento porque no era un lugar lo suficientemente bueno para trabajar. Al hacerlo, sin embargo, dejaron un vacío que fue rápidamente llenado por la clase de gente
que dirige la industria del entretenimiento en la actualidad.
Un día estaba hablando con mi segundo hijo quien está involucrado en el teatro musical desde los nueve años. Le pregunté qué era lo que pensaba de andar entre tanta gente cuyos estilos de vida eran dolorosos para el Señor. El me miró desde donde estaba sentado en el sofá y advertí una mirada de sorpresa en su
cara. Dijo, “Papá, ¿no crees que Jesús querría que lo llevara hasta las puertas mismas del infierno?”
El poder del amor
Hace años, durante la presentación de la primera obra en la que estuvieron mis hijos, organizamos una fiesta en nuestra casa para todos los profesionales de la obra. La mayor parte de ellos eran individuos de veintitantos años, solteros, talentosos y atractivos. Ellos viajan de ciudad en ciudad y de teatro en teatro.
Algunas veces se quedaban en un lugar por un mes, otras veces tenían suficiente suerte como para ser contratados por un año o dos. En cualquier lugar donde eran contratados, ellos establecían nuevas relaciones y crecerían unos junto a otros rápidamente y muchas de sus relaciones se volverían muy pasionales para compensar su soledad.
Esta es la subcultura de los actores profesionales que aparecen superficialmente como “teniéndolo todo”, mientras que internamente son gitanos aislados y solitarios.
Pasamos un tiempo maravilloso en casa, nadando y jugando al aire libre, acariciando a los caballos y ampolín. Hice una barbacoa para el grupo. Antes de comer, les pregunté si les importaba que los bendijera cuando diera gracias por la comida. Comencé a orar por ellos y le pedí al Señor que quitara su soledad y les concediera él éxito que estaban buscando en sus vidas. Mientras continuaba orando por ellos, como el Señor guiaba mis palabras, me di cuenta de que muchos de ellos estaban sollozando. Nunca olvidaré el impacto que puede tener el amor entre la gente hambrienta por el amor
del Padre.
Nos admiramos y asentimos cuando los padres nos dicen que su hija se está preparando para ser misionera y vivir entre los impíos en la oscuridad espiritual de una tierra extranjera. Lo que tendemos a olvidar es que todos los que no conocen a Cristo viven en la oscuridad espiritual de una tierra extranjera.
Cuando Jesús reveló la “declaración de su misión” él citó Isaías 61 diciendo que él había sido ungido para sanar a los quebrantados de corazón y proclamar libertad a los cautivos y poner en libertad a los oprimidos. La Biblia también dice que los pecadores eran seguidores de Jesús.
¿Por qué seguían a Jesús? Él los amaba. Los amaba lo suficiente para ir donde ellos estuvieran y demostrarles, de manera tangible, cómo amaba su Padre a aquellos que él había creado. Los verdaderos pecadores perdidos no son gente que solo lo aparente. Muchos de ellos son de verdad maledicientes, pervertidos sexuales, drogadictos, quienes entierran su miseria temporalmente mediante la complacencia de su carne. Lo que hizo Jesús fue ir a ellos con la llave que pudiera abrir las puertas de su
prisión. Él llevó a los “pecadores” su propia experiencia del amor del Padre y les ofreció ese amor a ellos.
Todos los que estamos en Cristo tenemos esta misma llave para libertar a los prisioneros de su condena.
Jesús no se sentía amenazado por la gente que daba la espalda a la religión, porque la religión no producía lo que prometía. La religión promete aceptación si la persona se comporta aceptablemente.
Jesús promete el amor del Padre si la gente acepta que él es la demostración de ese amor. Es amor, no temor lo que cambia a la gente.
Y eso es lo que pienso que el Padre está haciendo con esta generación: Preparándolos para ir osadamente donde los cristianos no estaban dispuestos a ir anteriormente. A los mercados y la arena financiera. A los espectáculos (incluyendo deportes profesionales). Al gobierno. A lugares que los cristianos han considerados demasiado impíos para ir. Pero primero, ellos deben capacitarse en las áreas
donde Dios los está enviando.
Mi hijo es un bailarín asombroso, quien pudo haber bailado en Broadway desde adolescente. Nosotros le hemos permitido proseguir en el teatro musical porque esa es su pasión, y, porque él es bueno en lo que hace y es respetado por otros profesionales. Y porque es respetado, él se ha ganado el derecho de decir lo que piensa. Él es gentil y osado. Nadie se siente amenazado por él porque él no los hace sentir mal.
Un día él estaba hablando con alguien tras bambalinas acerca de Jesús. Otro de los bailarines varones – un declarado homosexual – se acercó a mi hijo. Él dijo, “Yo solía conocer a Dios de la manera en que tu lo dices cuando yo era joven, pero de alguna manera me alejé. ¿Puedes decirme más acerca de lo que tu y _____ estaban hablando?”
¿Aún quiere Jesús poner en libertad a los cautivos y atraerlos al Reino de Dios?
Si tan solo creemos que Jesús mora dentro de cada uno de nosotros, también podremos creer que podemos llevarlo a lugares donde él iría si estuviera aquí, hoy, en su propio cuerpo.

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Posted on April 8, 2015, in Artículos. Bookmark the permalink. Leave a comment.

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