¿Son los niños “inocentes”?


¿Son los niños “inocentes”?

Continua-19-OCT-07[1]

 

Existen muchas iglesias, incluso algunas que desean fundamentarse estrictamente sobre la Palabra de Dios, que no toman en cuenta los principios que acabamos de mencionar (¿quizás porque parecen “palabras muy duras”?) Entonces enseñan que los niños pequeños son inocentes, sin pecado, y que empiezan a ser pecadores solamente cuando alcanzan una determinada “edad de la responsabilidad”. A primera vista, esto parece razonable. Sin embargo, si enseñamos que los niños son inocentes, entramos en conflicto con algunas verdades fundamentales de la Palabra de Dios:

– Estaríamos negando el efecto del pecado original sobre toda la humanidad (Rom.3:23, 5:12).

– Estaríamos negando la fe en Cristo como único camino de salvación (Juan 14:6, Marcos 16:16).

– Estaríamos enseñando que la salvación puede perderse: Si sostenemos que los niños son inocentes y por tanto son salvos, entonces tendríamos que enseñar que llega algún momento en su vida donde empiezan a pecar y a perderse. Esto está en conflicto con Juan 5:24 y 10:28-29 donde dice que el que es salvo, no vuelve a perderse. – Si un cristiano se aparta de la salvación por su propia voluntad, entonces se trataría del terrible caso descrito en Hebr.6:4-6, del cual dice que un nuevo arrepentimiento ya no es posible. Entonces tendríamos que tratar a cada persona adulta que no es creyente, como un “cristiano apóstata” para el cual ya no hay esperanza. Por supuesto, una tal opinión sería cruel y absurda; pero es la consecuencia lógica de la enseñanza de que los niños pequeños son salvos.

 

Algunos expositores sostienen que los versos como Romanos 3:23 no se pueden aplicar a los niños porque ellos todavía no tienen conocimiento de la Palabra de Dios y por lo tanto no pueden pecar conscientemente. Ellos dicen: “¿Cómo puede Dios juzgar a alguien que no ha tenido la oportunidad de conocer Su voluntad?” – Este mismo argumento se utiliza también en contra de las misiones en países no alcanzados: “¿Cómo podemos decir que Dios va a juzgar a los paganos, si ni siquiera han tenido la oportunidad de escuchar el Evangelio?” (Entonces sería mejor nunca predicarles, porque mientras no escuchan el Evangelio, serían salvos.) Si los cristianos europeos de los siglos pasados hubieran hecho caso a este argumento, hoy no existiría ninguna iglesia cristiana en Perú.

El mismo libro de Romanos da la respuesta a este argumento: “…porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se los manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.” (Rom.1:19-20)

 

(Dos versos que parecen decir lo contrario):

Hay dos pasajes de la Biblia que a veces se interpretan mal para enseñar que no es necesario evangelizar a los niños. Daremos a continuación la interpretación correcta de ellos, según su contexto:

Marc.10:14-15: “Dejad a los niños venir a mí … porque de los tales es el Reino de Dios.” Esto a veces se interpreta como si ellos estuvieron automáticamente en el Reino de Dios. – NO: los niños tienen que venir a Cristo para recibir el Reino, porque así dice el verso 15. Mientras no vienen ni lo reciben, todavía no están dentro. (Lo que sí dice es que para un niño es mucho más fácil recibir el Reino que para un adulto.)

1 Cor. 7:14: “Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos.” ¿Dice aquí que los hijos de padres cristianos son “automáticamente” salvos? – La palabra “santo” significa “separado, apartado para Dios”, o también “legítimo según la Palabra de Dios”. (En 1 Tim.4:5 se aplica al alimento que puede comerse legítimamente.) Los hijos de padres creyentes están bajo una bendición y protección especial de Dios (Sal.115:14, 128:3-6, Ex.20:5-6). Pero este verso no habla acerca de la Salvación eterna. La misma palabra (“santo”, “santificado”) se usa aquí también para el cónyuge no creyente. Entonces, si queremos interpretar este verso de manera que los hijos de padres cristianos serían salvos, tendríamos que enseñar también que el esposo de una mujer cristiana sería automáticamente salvo. Es claro que esta interpretación contradice la enseñanza de toda la Biblia, y aquí especialmente al verso 16.

– El contexto demuestra que aquí se trata de la pregunta si un cristiano debía divorciarse de su cónyuge no creyente. Pablo responde: No, porque la incredulidad del cónyuge no anula el matrimonio; el matrimonio es “santificado” (legítimo ante Dios) aun en este caso. Si no fuera así, tendrían que separarse también de sus hijos no convertidos; pero ahora los hijos son “santos” (=hijos legítimos ante Dios, aunque no fueran creyentes).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Posted on March 15, 2015, in Artículos. Bookmark the permalink. Leave a comment.

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